EXILIOS, (Porqué volvieron)
HAROLDO CONTI, (Biografía de un Cazador)

FRIO DE PELICULA, HAMBRE DE NOVELA, María Fiorentino.




 

 

 


Carlos Ares

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Editorial Tea
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LOS DIAS CONTADOS
, años de Menem
de Carlos Ares


Durante algo más de cinco años,
Carlos Ares, en su condición de director del semanario La Maga, escribió en la contratapa de ese medio columnas de opinión. Un tiempo y un espacio donde el autor narra sus días y los nuestros. Un fresco de la Argentina donde es posible encontrar en el universo de la cultura menemista, a quienes la padecieron y la disfrutaron.

Incluye un trabajo de Hugo Dante Bevacqua, quien se encargó de hacer un censo de los personajes que viven en estos textos hasta lograr una suerte de pequeña enciclopedia de imperdible consulta.

 

 

 

 

 

 

 

 


El Autor
Carlos Ares
Repasar su trayectoria profesional es al mismo tiempo contar gran parte de su vida. Nieto del director de un diario, "El Imparcial" de Barracas, sobrino de un corrector de revistas, hijo de un lector de "El Mundo", aunque Ares no llegó a conocer ni a su abuelo ni a su tío, veía llegar a su padre del trabajo con el diario en el bolsillo del saco y seguramente algo de aquella tinta derramada enturbió el oleaje apacible de su sangre. Recuerda que a los trece o catorce años ya quería ser periodista aunque ahora, a los 50, duda de que haya logrado alcanzar ese o cualquier otro objetivo que se haya propuesto. Al parecer todo le sucede contra su única ambición reconocida: navegar, dejarse estar a la deriva. Así, las corrientes del azar lo desembarcaron en el periodismo deportivo y lo que debía ser sólo un aprovisionamiento rápido de experiencias se convirtió en una estadía prolongada en tierras desconocidas como El Gráfico, La Hoja del Lunes, y Goles, desde 1973 hasta 1980, cuando fue arrastrado por los restos del criminal maremoto

 

 

 

 


militarista y naufragó en España. Los españoles le dieron albergue, aire y conocimientos. Comenzó a colaborar en Madrid con el diario El País y todavía sigue trabajando para ellos desde Buenos Aires. Un día se tomó el buque de regreso y, durante los años ochenta, pasó por revistas como El Periodista, diarios como La Razón, alguna emisora de radio y siempre El País de Madrid. A fines de los ochenta, junto con un grupo de veteranos piratas del oficio, se lanzaron al abordaje del viejo sueño común: zafar de la de ellos, hacer la nuestra. Con ese espíritu heroico se fundó el astillero Tea, (Taller, Escuela, Agencia) donde se calafatean las ilusiones de los aspirantes a periodistas y se rellenan los agujeros de sus cascos con cierta sabiduría para que no se hundan en el intento de permanecer a flote en la profesión.

Ya en dique seco, el viejo lobo metió su revista La Maga dentro de una botella y la arrojó al mar. Ahora está haciendo más o menos lo mismo con La García. Cuando el sol le pega en la frente, se echa hacia atrás en la silla y dice que va a seguir fabricando barquitos de papel hasta que alguno resista el oleaje y pueda verlo alejarse de la costa. Sabe que delira y encima se ríe a carcajadas, eso es lo peor.

 

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